De la “albañilería en general” al especialista

¿Es la “albañilería en general” el concepto que mejor nos define profesionalmente? Nos cuesta reconocernos como especialistas. Coincidí reciente en un seminario con aspirantes a emprendedores cuya aspiración les transportaba a distintas profesiones a la vez. Ciertamente distintas entre sí. Muy distintas ¿Somos gente aspirante a generalistas? ¿Somos gente que lo mismo planchamos un huevo, que freímos una corbata?

Hay aspectos significativos de la competencia que quiero señalar:

  • El generalista suele ser oportunista: elige una amalgama de oficios para evitar confrontarse con su limitación (incompetencia) para progresar y ser el mejor en uno de ellos. Esta baja exigencia de especialización viene facilitada por la baja exigencia del cliente, que se conforma con lo que le echen. La exigencia hace buenos especialistas.
  • Dentro de su sector, el generalista dice “sí a casi todo” porque de lo contrario teme ser abandonado. Su problema es la entrega del valor prometido.
  • El especialista muestra mayor autocontrol en el ejercicio de su rol. El autocontrol requiere esfuerzo y concentración, requiere reprimir nuestra tendencia natural a la dispersión.
  • El especialista está tan pendiente de la perfección de lo que ya sabe como de la imperfección de lo que aún puede aprender.
  • El especialista se dota de las mejores herramientas, también muestra una maestría del proceso, equilibrando el sentir, el pensar y el hacer. El trabajo del especialista es un trabajo limpio, en el sentido literal y en el metafórico.

No podemos ser buenos en todo.

Fútbol: Lo que le falta a la H para llegar a la Z

El fútbol es un deporte en el que 22 jugadores corren detrás de una pelota y la selección española se pone porterías horizontales, como en los colegios.

  1. Un líder no trata a los miembros del equipo de “sus chicos”; todos han venido a ejecutar un rol profesional: ni el líder es amiguete de…ni los demás tampoco.
  2. Un líder exige y organiza al equipo para lograr resultado; que el equipo ande revoloteando por el campo, haciendo sus piruetas y sus avionetas no es indicio de buena contribución. No basta con desplazar aire, también hay que producir energía.
  3. Un líder no carga con toda la responsabilidad por el mal resultado, cada miembro del equipo tiene su responsabilidad.
  4. Un líder no debe esperar a alinear el equipo correcto diez minutos antes del final, cuando ya vio lo poco que dieron de sí los 90 x 2 minutos de encuentros anteriores.
  5. Un líder no confunde el “triki traka” para un lograr objetivo vertical, con el “chiki chaka” de un paseo horizontal.
  6. Un líder no vive del cuento de “lo que nos dio éxito es lo que hay que repetir”, porque ignora que los demás equipos ya conocen el antídoto contra esa propuesta de valor.
  7. Un líder tiene más de un escenario plausible en la cabeza; uno de ellos es el escenario de la muerte: ¿qué podría suceder en mercado que nos hiciese desaparecer?
  8. Un líder entiende que una forma común que tiene su equipo de expulsarlo es perdiendo.

 

El otro secuestro

El otro secuestro sucede cuando te convocan a reuniones donde se sabe de antemano que tu contribución no será valorada, a reuniones donde se ve claramente que no están preparadas, a reuniones donde se sabe de antemano que sólo existen para que alguien poderoso se haga su paseíllo y te tenga de oyente, a reuniones donde unos ocupan el tiempo colectivo en manipular porque es lo que mejor sabe hacer, a reuniones que comienzan tarde porque hay alguien que ha decidido unilateralmente hacer un uso inadecuado de los recursos que la empresa pone a su disposición, a reuniones que se alargan una eternidad porque es lo que mejor se sabe hacer porque estéticamente queda bien tener reuniones que duran mucho, así parece que se trabaja mucho.

El otro secuestro sucede cuando se te pide que hagas un trabajo que no sirve de gran cosa porque quienes tienen que evaluarlo no se hicieron las preguntas pertinentes en el debido momento; sucede cuando usan tu trabajo para gestionar sus rituales de poder, haciendo que lo “bien hecho” por ti pase a ser un “desecho” fruto de su interacción; sucede cuando te dicen que tu compromiso es importante, cuando eres consciente de que no te preguntan nunca sobre nada, y menos sobre ti mismo; o cuando alguien solicita tu atención para descubrir que en verdad sólo necesitaba un par de orejas prestadas.

¿Cuánto hay de manipulación? ¿Y de auto-manipulación?

¿Cuánto pesa un kilo de complejidad?

A juzgar por el número de personas y el número de veces que la usamos, un kilo de complejidad pesa poco, es más ligera que la pluma. La sencillez podría ser un recurso valioso porque hay menos gente capaz de sacarle provecho.

La complejidad se vuelve un postureo para hacerse el importante, cuando hay poca novedad que compartir, cuando el discurso es plano, cuando lo que hay que decir ya está dicho y redicho, mejor añadirle unos topping de complejidad.

Es contradictorio hablar de complejidad del negocio o del mercado, cuando por otro lado se invierte tan poco en aprender. Lo sencillo y consecuente, cuando se habla de la complejidad del mercado, sería trabajar en los tres propósitos siguientes:

  • Imaginar escenarios futuros del mercado. Resulta contradictorio decir que el futuro es impredecible a la vez que lo pensamos y nos proyectamos de manera tan predecible.
  • Enrolar varios empleados en procesos de co-creación. A mayor complejidad más personas deben estar capacitadas y sentirse comprometidas.
  • Usar el ejercicio de pensar el futuro de manera dual: para aprender y generar autoría en las personas, para generar visión compartida.

Bien sencillo.

¿Puede una marca ser prepotente?

La prepotencia se entiende como el uso inadecuado de la posición de poder que se tiene; en una marca, ese poder quedaría representado por su reputación y su imagen de marca. En los sectores del lujo, la moda, las bebidas o el gran consumo es habitual escuchar casos de prepotencia actuados por directivos y ejecutivos de marketing contra sus colaboradores internos y externos ¿Es el departamento de marcas vanguardistas un nido de prepotentes abusadores? ¿Es el departamento que más recursos económicos tiene un nido de sátrapas?

Me centraré en señalar cuatro reflexiones sobre estas actuaciones:

  • La condición de departamento escaparate, cuya misión es mostrar la marca al mundo, confronta a estos profesionales con su fantasía de incompetencia. La mayoría quiere hacer creer que las competencias creativas y de arte que consiguen tales posicionamientos de la marca son propias cuando en general son de profesionales externos bastante mejor capacitados que ellos.
  • Una forma habitual de actuar la fantasía de incompetencia pasa por decir a diestra y siniestra que “si yo no soy tan bueno aquí es porque la gente que me rodea me impide serlo…mientras ese otro siga yo no podré probar nada…el otro representa la barrera que me protege”.
  • La reputación es a la imagen de marca lo que la autoestima es al sentimiento de valía personal. Por mucho poder que tenga el rol que desempeña, una persona con baja autoestima necesita degradar a su colaborador para ponerle a su nivel: “para verte a mi nivel te tengo que rebajar porque a pesar del rol poderoso que tengo yo me veo ruin”.
  • Cuando el profesional siente que toda su valía personal se la otorga el rol profesional, su actuación abusadora sucede dando a entender que está representando los intereses de la marca cuando en verdad sólo se representa a sí mismo: “la marca me autoriza a humillarte…si te degrado te hago dependiente de mí…porque tu autonomía podría incitarte a abandonarme…y eso es insoportable para mí”.