Determinismo y eficiencia infinita

El determinismo organizativo persigue un objetivo de eficiencia infinita, consolidar una marca de prestigio y lograr así nuestra salvación, probablemente salirnos de la historia e instalarnos en la eternidad, entendida esta última como el presente permanente.

Cada organización trabaja como una máquina para lograr sus objetivos. Esa máquina produce resultados. Mediante una comparación de los resultados con los objetivos, aquellos que conducen la máquina pueden constatar cómo está trabajando la máquina. Ese es el bucle de feedback que los responsables de la máquina tienen que manejar bien para mejorar su rendimiento. Desde el feedback, la máquina puede ser ajustada para mejorar. La máquina se compone de dos grandes partes: la cultura y las personas (R. Dalio 2011: 38).

La propuesta del determinismo está basada en una relación profesional caracterizada por una lógica micro-planificada y cibernética. En ella adquieren plena relevancia las técnicas de control y medición, feedback económico-financiero y ajuste inmediato de los recursos. No cabe otro sentido que aquel que se puede micro-planificar y controlar cuantitativamente. Con su despliegue de racionalidad extrema, la utopía determinista aspira a vivir en un presente permanente. Sus enemigos son la visión mesiánica, la providencia, el desorden individual, la reivindicación colectiva o la fantasía.

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