L´identité et la transformation

2012-11-20 16.20.56L´identité

Les organisations éprouvent moins de difficultés à décrire les comportements rendant compte de leur identité, que ceux rendant compte de leur transformation.

La transformation

Les dirigeants comprennent mieux l´état (identité) que la dynamique (transformation). Le premier est plutôt présenté par le dirigeant sur un plan cognitif-logique, tandis que le deuxième doit être plutôt représenté (ou joué) sur un plan émotionnel-affectif. Le premier confronte le dirigeant avec le phantasme de diriger un système où prédomine l´équilibre stable, car la stabilité le situe dans le prolongement de son pouvoir actuel; tandis que le deuxième le confronte avec le phantasme de vivre dans un système où prédomine l´équilibre instable, car ce dernier le confronte davantage avec sa compétence (ou incompétence) en tant que leader.

L´état est à la carte ce que la transformation est au territoire. Les états (identités) nous mettent plutôt en rapport avec l´ordre (institutionnel), tandis que les transformations nous mettent plutôt en rapport avec le désordre (individuel). L´ouverture d´un système a lieu toujours par le désordre, tandis que la clôture et l´ordre vont de la main.

Rumor, equidistancia y ambigüedad

La equidistancia es la metáfora que señala una actitud desde la que pretendemos “llevarnos bien con todo el mundo en todo momento”. La equidistancia es el medio para mantenernos “suavemente conectados” con muchos, a pesar de la baja confianza presente en el sistema humano.

En un sistema humano donde reina la baja confianza, aspiramos a neutralizar la amenaza de una posible sanción e incluso de una posible expulsión, buscando una interacción con muchos compañeros fuera de las pautas establecidas desde el rol que ejercemos.

El rumor es el referente conversacional desde el que mostramos nuestra equidistancia o ambigüedad en nuestras interacciones profesionales. El rumor puede ser considerado como una manifestación de la feminidad del sistema humano; tambien pone de manifiesto nuestra promiscuidad, puesto que somos “capaces de decir todo y su contrario” en un corto lapso de tiempo, somos capaces de intimar desde el rumor incluso con aquellos que rechazamos por otro lado, o que no soportamos.

El rumor es nuestra búsqueda constante de complementariedad con todos y cada uno de los compañeros; lo que importa en el rumor es llevarnos bien con todos, poco importa si se dan declaraciones y juicios de valor ambivalentes en nosotros.

Rumor y déficit de sentido

DSCN0564La presencia de rumor en las organizaciones ser interpretada de diversas maneras:

  • El rumor existe como sistema de relleno del vacío de comunicación oficial. Todo lo que no se llena con información, se acaba llenando con imaginación.
  • El rumor es sistema alternativo al sistema oficial. Se constituye entonces como un verdadero contra-poder al poder oficial, el poder del excluido y dejado de lado, su lucha es contra la incertidumbre resentida.
  • El rumor existe como sistema de poder. Tras una apariencia liviana, la persona generadora de rumor trata de ejercer su poder sobre su entorno (desde el rumor), puesto que acaba induciendo un contexto favorable a sus intereses, e incluso acaba abduciendo a su interlocutor.

En las tres interpretaciones, el rumor está vinculado al deficit de sentido.

El rumor permite conversar desde un contenido y una posición relacional inaccesible a terceros ausentes, sobre quienes a menudo conversamos. Ellos son el centro de nuestra conversación y sin embargo no participan de la misma.

Nos sometemos a la comunicación transaccional, restrictiva y opresora, desde el permiso que nos otorgamos para mantener una comunicación emocional liberadora. En la horizontalidad, tendemos a vernos como personas con capacidad de influencia y de manipulación.

En un sistema humano donde reina la ocultación, el clasismo, la opresión, el oscurantismo, la desconfianza o la alienación, y donde se propugna la obediencia debida y el sometimiento a la voluntad de la autoridad, buscamos una interacción con nuestros compañeros al margen de la visión corporativa y de las responsabilidades asignadas al rol que ejercemos. Nuestro propósito no está alineado con la visión corporativa, entendemos que esta ha sido usurpada por unos pocos, no compartimos lo mismo. En este caso, el propósito compartido tiene que ver con lo que otros nos señalan o podemos señalarles en cada momento.

La cultura del secreto está íntimamente vinculada a nuestra ambigüedad. En la cultura del secreto, todo el mundo cree tener toda la información, pero el secreto pasa porque ésta no sea compartida de forma abierta, porque entonces pierde el valor misterioso que la envuelve. Al compartir con un tercero nuestro secreto, buscamos a meterlo en la cultura del secreto. Esta muestra de ambigüedad, a menudo fomentada inconscientemente por los líderes de la empresa, dificulta enormemente la coordinación grupal ya que alimenta la desconfianza y la sospecha.

La violencia como ritual

Un ritual se entiende como un proceso colectivo de liberación de la tensión corporal acumulada fruto del exceso de contradicción resentida. Cuando predominaba la duración lenta y existía influencia religiosa en las sociedades, los rituales eran sociales, sucedían de forma colectiva y estructurada. A menudo cumplían una función de iniciación.

La actividad ritual, en sus diferentes formas, tiene como objetivo esencial la conjugación y el dominio de esta doble polaridad. La actividad ritual tiene como objetivo esencial establecer, reproducir o renovar las identidades individuales y colectivas” (M. Augé 1994: 51).

La doble polaridad a la que se refiere este antropólogo está presente en las organizaciones de diversas formas: individualidad-grupo, autonomía-interdependencia, integración cultural-cambio cultural, o temporalidad continua-temporalidad discreta. En los extremos hay tensión por acumulación de contradicción, lo que induce a violencia relacional.

Hay otra paradoja que induce a la violencia: por un lado está la entrega de la persona a una relación caracterizada por un espacio plano y abierto, un tiempo más discreto que continuo, o una exigencia de fluidez y de competitividad; y por otro lado está el deseo de pertenencia a un espacio íntimo y protegido, de una temporalidad continua y estable, o de un reconocimiento sincero y duradero por lo que uno es y no tanto por lo que se consigue. Hay una tensión entre las reglas y exigencias definidas por el grupo o la sociedad, y aquellas otras definidas por el individualismo imperante. Se fomenta el individualismo a la vez que se fomenta la dependencia del entorno. El ritual sería la forma sistémica de resolver dicha contradicción, la forma organizada de disolver la violencia.

Una aspiración de las sociedades avanzadas y ultramodernas es la domesticación de los instintos y la desaparición de los rituales. Esta postura aséptica, racional y mecánica viene muy impulsada desde las organizaciones, por considerar estas prácticas esotéricas, propias de la magia negra, nefastas para la creación de valor.

A cambio de este proceso de domesticación y de auto-control, en las organizaciones tienen lugar explosiones desestructuradas de la tensión acumulada, escenas e interacciones en forma de malentendidos, equívocos, desprecios, embrollos, litigios o rivalidades –que denotan una fuerte tensión emocional. En ellas se daña la relación, se despliega mucha excitación y se difunde mucha energía negativa. Estas interacciones sacan a unos y otros de la misión encomendada a su rol, lo que les hace desviar su atención de la creación de valor.

La búsqueda de reconocimiento

2014-05-02 17.42.04La búsqueda de reconocimiento es un motor muy potente en nuestra vida. Mucho de nuestro ajetreo cotidiano está orientado a obtener reconocimiento de los demás. Ser reconocidos equivale a un ingreso en nuestra cuenta existencial. A veces somos conscientes de que lo necesitamos y no dudamos en solicitarlo. Otras veces, la mayoría, decimos cosas, adoptamos posturas, actuamos e incluso sobreactuamos para obtener un reconocimiento.

A menor valía reconocida en nosotros mismos, mayor necesidad sentimos del reconocimiento de terceros, y mayor dependencia tenemos de actuaciones, experiencias o elementos materiales que buscan el reconocimiento social.

Valía y reconocimiento están estrechamente ligados, a menudo nuestra fantasía es que valemos según el rol profesional que ejercemos y el reconocimiento social que obtenemos.

Ser reconocidos significa que nunca estamos solos, existimos en la memoria del otro, lo que amplía nuestra identidad existencial; la memoria del otro trasciende el significado de nuestra existencia más allá de nuestro ser.

Con nuestro ofrecimiento de reconocimiento, aparecemos ante el otro como referente generador de sentido; devenimos un significante del sentido para el otro, un componente de su identidad; todos somos generadores y receptores de sentido.

No sentirnos reconocidos cuando vivimos tan necesitados de ello, nos pone en contacto con el sinsentido de nuestra existencia. La incomunicación, el olvido, la soledad y el aislamiento, hacen emerger en nosotros imágenes de muerte simbólica; a diferencia de la muerte biológica, que se corresponde con una extinción de la vida, la muerte simbólica la representamos como una liquidación del otro como función mediadora que da sentido a nuestra existencia.