La representación simbólica

La representación simbólica

Representar es una acción que consiste en dar voz, actuar, interpretar o escenificar una experiencia o una relación humana que no se puede presentar, “en carne y hueso”. Por ejemplo:

  • El poder en las empresas no podemos presentarlo físicamente, pero sí podemos representarlo mediante escenas que nos ayudan a encarnar el ejercicio del poder, su significado para unos y otros, o el miedo al que se asocia. La representación simbólica del poder del banquero se corresponde con la imagen de un hombre gordo, redondete con traje, corbata o pajarita, mirada de usurero y un cigarro habano en la mano.
  • El conflicto también podemos representarlo mediante escenas, con sus emociones, o podemos verbalizarlo.

El antropólogo G. Durand (2007: 22-23) establece una diferencia entre la semántica, a la que considera estrechamente vinculada a nuestra imaginación simbólica, y la semiótica (o semiología) que se ocupa de forma más estrecha del estudio de los signos. Una se ocupa de las imágenes mentales y la otra de las palabras:

  • El símbolo (semántica) es un signo polisémico, multivalente y con densidad de sentido, lo que le hace rico y abierto, un símbolo nos reenvía a otro. El círculo por ejemplo se considera un símbolo de nuestro imaginario femenino, el círculo representa el ciclo completo, la totalidad, en el círculo no hay ángulos, todo el mundo se ve. El símbolo está más cerca de la representación, de la relación y por lo tanto del sentido. Hay discursos muy sencillos cargados de sentido por su carga simbólica.
  • El significado de los signos (semiótica) viene a ser siempre limitado; el término “círculo” por ejemplo es un signo con un significado cerrado y limitado. El signo es más sencillo, está más cerca de la presentación y nos sitúa más cerca del simple significado. Hay discursos llenos de palabras sin sentido, precisamente por su pobreza simbólica, por eso los catalogamos como huecos o vacíos. También hay discursos que presentan muchos números y análisis pero que no representan nada para nosotros porque pretenden mostrarse externos a la relación.

Por lo tanto, no es lo mismo “la rueda” como signo y “la rueda” como símbolo. En el primer caso, estamos ante una simple descripción de un objeto o una idea. En el segundo caso, hay varias interpretaciones de lo que significa una rueda y de las imágenes que esta vehicula (Ej.: sentido de repetición…de lo que vuelve, pero también sentido de progreso porque se rueda con ella).

Una hipótesis de actualidad sobre cómo sucede el cambio en los sistemas sociales  (equipos, y por extensión organizaciones) es que hay que apoyarse más en representaciones simbólicas (Ej.: representaciones de escenas) que en las buenas palabras (Ej.: discursos o mensajes sobre el cambio). Hay necesidad de restaurar las representaciones simbólicas que durante décadas quedaron desahuciadas de las organizaciones por el racionalismo y el positivismo.

El temor al fracaso del emprendedor

En el taller de emprendedores que tuvimos este miércoles con TeamFactory www.teamfactory.fr en Paris trabajamos la problemática de dos emprendedores. Ambos proyectos están en estado embrionario, lo que significa que estas dos personas ni siquiera están preparadas para compartir el sentido de su proyecto.

  1. El primer relato es el de alguien que está en el desempleo y que comparte con el grupo la duda de si quiere continuar siendo trabajador por cuenta ajena, o iniciar la aventura como emprendedor. Señala que “ve mucha niebla…que quiere probar pero que se topa con un muro…”, comienza a imaginar obstáculos…el muro y la niebla aparecen varias veces ante sí.
  2. El segundo caso es el de alguien que aspira a “hacer de la tierra su proyecto”…no queda claro si se refiere a cuidar del planeta Tierra o a ser horticultor. Su relato se dispara por momentos…se vuelve aéreo….incluso cósmico. Una vez contenida esa ansiedad…una vez aterrizado…traído a lo concreto y al momento presente, su relato se afina.

Doy esta breve descripción para señalar varias vivencias que tratamos en esta sesión:

  • El emprendedor conoce momentos de ansiedad, la cuál es una reacción defensiva ante el temor que siente. Cuando una persona está ansiosa, sólo atiende a su ansiedad, es decir, hace lo posible para tratar de calmarla (Ej.: comiendo). La mejor ayuda que se le puede dar es relajarse para bajar su ansiedad.
  • El temor del emprendedor es en general un temor a “no saber”, a no tener criterio sobre su verdadera capacidad. Esto tortura a muchos. Se trata de un temor a mostrarse incompetente, a que los clientes no le compren su capacidad. Por eso muchos emprendedores no consiguen madurar su proyecto. No acceden al estado de ambición, se quedan por debajo de un umbral que les protege de su propio miedo y de la ansiedad que se deriva del mismo.
  • La fantasía de incompetencia y el temor al fracaso que se deriva, se hace más presente en aquellos emprendedores que no completaron una formación superior. He conocido estos años emprendedores muy buenos de oficios manuales/artesanos pero que sienten que su hándicap está en  “hablar bien” (Ej.: dialogar o asesorar a sus clientes), o en “hacer las cuentas” (Ej.: preparar una oferta/presupuesto para un cliente).

Estos son motivos suficientes por los que el emprendedor deberá desarrollarse siempre en grupo. La soledad y la ausencia de reconocimiento le endurecen, le limitan y a menudo le hacen muy vulnerable. Su propia ignorancia le hace desconfiado, teme que le engañen y se aprovechen de él. El grupo de desarrollo es un entorno protegido. Podrá traer al grupo sus dudas, sus ignorancias y sus limitaciones.

La representación: actuación y simbólica

La representación

Una representación es una actuación, espontánea o ensayada, apoyándonos en nuestros recursos corporales y artísticos. Una representación también es una forma de simbolización. Ambas son actos generadores de sentido para aquellos que la ejecutan y que la observan. Existen otros actos generadores de sentido.

La representación actuación

En los talleres de desarrollo o en los talleres de transformación organizativa llegamos a proponer al directivo una representación o escena, como si de un verdadero rodaje se tratase: hacer una entrevista, auto-afirmarse, etc.

La representación simbólica

Una propuesta de representaciones simbólicas se parece a una sesión fotográfica de fantasmas. En ambos casos movilizamos numerosas imágenes mentales. Las representaciones simbólicas actúan como mapas mentales o como sistemas de navegación que nos ayudan a dar un sentido a nuestras actuaciones y a elaborar nuestros relatos. Las llamamos representaciones porque hay experiencias vitales que no podemos presentar físicamente, sino solamente representarlas, es decir, simbolizarlas y ponerle palabras.

Ellas representan la realidad pero no son la realidad sino filtros de la realidad. Estamos en la cocina de la antropología simbólica, cuya primera lección pasa por comprender la importancia del símbolo y su vínculo con el sentido.

Un símbolo está conformado por la pareja “sentido” e “imagen”. El Sol es más que un simple astro que calienta e ilumina la Tierra; representa para nosotros el sentido de potencia, grandeza o perennidad. El azul del cielo es más que un simple color, simboliza la transparencia, la pureza o lo sideral. La Tierra es más que un planeta donde habitamos, representa la receptividad, el alimento, la esterilidad o la fertilidad según la variación del ciclo. Podemos situarnos cerca del estricto significado literal, o de la exuberancia y la frescura del eufemismo.

El antropólogo G. Durand (2007: 22-23) establece una diferencia entre la semántica, a la que considera estrechamente vinculada a nuestra imaginación simbólica, y la semiótica (o semiología) que se ocupa de forma más estrecha del estudio de los signos. Una se ocupa de las imágenes mentales y del sentido, y la otra del significado de las palabras:

  • El símbolo (semántica) es polisémico, multivalente y con densidad de sentido, lo que le hace rico y abierto, un símbolo nos reenvía a otro. El círculo por ejemplo representa el ciclo completo, la integración de la verticalidad y la horizontalidad, la totalidad; en el círculo no hay ángulos, todo el mundo se ve, lo que se siente como una oportunidad para una relación simétrica. El símbolo está más cerca de la representación, de la relación, y por lo tanto del sentido. Hay discursos muy sencillos cargados de sentido y de imágenes espaciales.
  • El significado de los signos (semiótica) o de las palabras viene a ser siempre limitado, aunque a veces queramos jugar a lo contrario. El término “círculo” por ejemplo tiene un significado cerrado y limitado. Hay discursos llenos de palabras aunque vacíos de sentido, precisamente por su pobreza simbólica, por eso los catalogamos como huecos. También hay discursos que presentan muchos números y análisis pero que no representan nada para nosotros porque no nos evocan imágenes ni horizontes.

las paradojas del emprendedor

Las paradojas que presento en este artículo, provienen del trabajo de acompañamiento de emprendedores que vengo haciendo desde 2012 en el marco de TeamFactory www.teamfactory.org, en París. En nuestras sesiones de trabajo pedimos a los emprendedores que preparen el relato de su proyecto para poder compartirlo con otros emprendedores, y ayudarles en su desarrollo. Nuestro proyecto es el emprendedor como proyecto de vida, no el plan de negocio del emprendedor.

ante el vacio…la fantasía de continuidad

El vacío representa el nuevo proyecto, para el cual ni siquiera la mayoría de los emprendedores consiguen elaborar un relato con sentido para compartir. El vacío significa el futuro incierto, el proyecto de emprendimiento se vive simbólicamente como un “salto al vacío”, un encuentro con la imperfección y el caos interior, la historia no continua. La fantasía de continuidad pasa por aferrarnos al camino recorrido desde el pasado, un camino que parece lineal y perfecto. El emprendedor tiende (excesivamente) a anclarse en el pasado para plantear su futuro.

ante el caos interior…el exceso de racionalidad

El caos interior significa la inseguridad y el temor a fracasar. El fracaso representa una especie de muerte existencial, la cual es peor vivida que la muerte biológica, entre otras cosas porque el emprendedor se imagina como un muerto-vivo. El exceso de control se traduce por ejemplo en un exceso de racionalidad, mucho pico y poca pala diríamos, un exceso de llenar el vacío y el caos interior con palabrería. De hecho el emprendedor llega a encerrarse en una especie de partida de ping-pong entre los argumentos y los contra-argumentos, en el eterno dilema del prisionero. Más que elaborar el relato de su proyecto empresarial, se va contando una historia a sí mismo. Muchos proyectos traen un exceso de racionalismo y un déficit de pasión.

ante la soledad…la imposibilidad de ser ayudado

Una frase que oí a una emprendedora al poco tiempo de comenzar a contar su historia fue: “estoy sola…”. Poco tiempo después comenzó a desplegar una retahíla de argumentos que venían a legitimar la imposibilidad de ser ayudada:”…y nadie puede ayudarme”. La postura narcisista nos lleva a evitar alianzas con otros, porque desde el narcisismo el otro se presenta como una amenaza para nuestra identidad.

ante la responsabilidad…la dilación

La responsabilidad significa mostrarse coherente con su propia ambición, ponerse a la tarea. A algunos emprendedores les encanta distraer con su historia a su interlocutor, despistarle, para que este no les pregunte qué están haciendo exactamente para mostrarse consecuentes con su proyecto. Relatan mil y un argumentos sobre por qué no están haciendo lo suficiente (“no me organizo bien, el banquero no me deja el dinero, necesito un espacio…”).

ante la nada…aquí está mi proyecto

“No existe algo similar”, oímos decir a menudo. El narcisismo del emprendedor le lleva a creer que los demás son ignorantes, cuando no idiotas, porque no se han dado cuenta de la oportunidad de negocio. El narcisismo le lleva a creer que él (ella) es el primero, lo cual le otorga un poder inmenso ante su interlocutor. A algunos emprendedores les cuesta aceptar que si un negocio no existe quizás sea porque no haya mercado para ese negocio. Puede resultar iluso creer que él (ella) tiene un poder hacedor del mercado.

novedad, recursividad y sentido presentes en el relato

En la mayoría de nosotros tiene lugar una búsqueda permanente de referentes individuales (personajes) y corporativos (instituciones) con los que identificarnos. Esos referentes representan para nosotros el ideal de la norma. Ellos nos ofrecen perspectiva, y nos permiten la proyección en el horizonte.

La mayoría de nosotros buscamos empresas-utopía, que catalogamos como lugares preferidos para trabajar, como empresas admiradas que nos hacen soñar, o como culturas de excelencia en las que nos gustaría realizarnos. La búsqueda del lugar utópico es tan vieja como la humanidad. También buscamos personajes-símbolo. Seres excepcionales que nos harán soñar, que muestran una capacidad singular para luchar y triunfar, en los negocios, la política, la ciencia, el deporte.

Para la mayoría de nosotros, nos interesa menos dotar de sentido a nuestra acción particular, ser portadores de sentido para otros. Sentimos temor a mostrar nuestra incapacidad. Sentimos una irresponsabilidad para hacer honor a nuestras aspiraciones. Tememos ser marginados por nuestro grupo de pertenencia, al mostrar de forma explícita nuestras aspiraciones de sentido y de realización; a los grupos no les gusta que algún miembro destaque y muestre su individualidad. Tememos fracasar, por haber adoptado malas decisiones, y el fracaso nos confronta con imágenes de pérdida del amor de los demás.

La inspiración que nos procuran los relatos sobre aquellos héroes-símbolo memorables que triunfan en la vida, nos transporta al mundo imaginario y nos insuflan energía. Su excelencia y su consecución plasman nuestro ideal del sentido. Su norma es nuestro ideal. En el caso del héroe-símbolo contemporáneo estamos ante alguien de carne y hueso, con cara y ojos como nosotros. Alguien con quien alguna vez nos hemos cruzado en un aeropuerto, hemos coincidido en un foro, e incluso hemos intercambiado unas palabras. Alguien que ha encontrado el camino de la excelencia y del reconocimiento. Algo a lo que aspiramos otros muchos en nuestro negocio.

Richard Branson comienza por criticar los sectores en los que ha decidido competir, atribuyéndoles así un estatus defectuoso, y atribuyéndose a sí mismo la reputación de reformador de esos sectores y pobre desvalido que los desafía. A diferencia de otros reformadores, él sí logra niveles superiores de rendimiento (F. Trompenaars & Ch. Hampden-Turner 2010: 175).

Sobre los héroes memorables de las organizaciones se elaboran diariamente cientos de relatos –historias, casos, libros, DVD, documentales, entrevistas, reportajes- que ensalzan su contribución excepcional en alguno o varios de los seis atrayentes que hacen sentido para el éxito de sus organizaciones –visión, poder, resultado, cultura, creación, o innovación. Son héroes que brillan en el campo más preciso de la estrategia, la innovación, el cambio, los valores, la creatividad, la tecnología, o el liderazgo del negocio. Los autores de estos relatos-mito narran la capacidad singular de estos héroes memorables para superar la contradicción y lograr el reconocimiento universal.

La vocación esencial de estos relatos genéricos de héroes-símbolo es nutrir el imaginario de miles de seguidores en busca de un sentido a lo que hacen. Los relatos genéricos buscan sobre todo transportar a estos seguidores fuera del ámbito ordinario y genérico de su espacio cultural. Caminamos con el ídolo, sentimos como él, pensamos como él, decidimos como él. Estos relatos persiguen ubicar estos héroes-símbolo en el imaginario de la excelencia, que es donde fantasean estar miles de seguidores. Hoy más que nunca, se trata de promover esta excepcionalidad, contando con el valioso apoyo de las redes sociales que facilitan una proyección universal del héroe-símbolo y una identificación universal con este.

Tanto el relato-mito tradicional, como en el relato-mito moderno, tratan de poner un significado en aquello que no llegamos a explicarnos racionalmente desde la ciencia, la técnica, o la economía, y que sin embargo afecta directamente a nuestras vidas. Al encontrarle un sentido al relato, al ponerle ojos y cara a la excelencia como norma, sentimos que ese mundo anhelado de la excelencia deja de formar parte del caos (lo desconocido e inaccesible para nosotros), para ser incorporado a nuestro orden (lo conocido y accesible), aunque sea en forma de ideal.

Para los humanos, la generación de sentido y la convicción de que existe un orden estable y continuo en la vida van de la mano. Al revés, aquello para lo que no conseguimos encontrar un sentido nos genera incertidumbre y caos, el cual equivale al mundo turbio y desordenado que nos pone en contacto con la no-vida.

En los tiempos actuales se habla tanto de la incertidumbre, la complejidad y el caos porque cada individuo tiene la responsabilidad de generarse su propio relato de sentido. Rara vez disponemos de un relato compartido. A pesar de lo que se diga, la mayoría de las organizaciones han abandonado esta responsabilidad social. Esto explica que regularmente nos refiramos al management como un arte más que como ciencia. Nadie nos dice que el management es un arte con escasa belleza y con tremenda soledad.

Para el antropólogo F. Laplantine, el mito es un instrumento absoluto de explicación del mundo, “aquello que ilumina no necesita a su vez ser iluminado…los fundamentos no necesitan ser fundados” (F. Laplantine 2011: 67). En otras palabras, una vez que nos conformamos con una causa inicial que explica el origen de todo lo demás que viene, no necesitamos buscar nuevas explicaciones. Según J. D. Barrow, el relato-mito actúa como una teoría del Todo.

Todo en ella es perfección, confianza y certidumbre. Hay un lugar para cada cosa y cada cosa se encuentra en su lugar. Nada sucede por azar. No hay vacíos ni ambigüedades. No hay espacio para el progreso ni para la duda (J. D. Barrow 2006: 18).

Todos los relatos-mito de héroes memorables tienen una estructura circular, es decir, pasan de forma recursiva por las mismas cuestiones de nuestra existencia, aunque parecen originales. Ahora bien, estos relatos-mito también tienen una estructura secuencial, inherente a la estructura lingüística de nuestro lenguaje. Dicho de otra manera, todos los relatos de príncipes y de princesas siguen los mismos pasos, y sin embargo no parece que se repiten.

En términos sistémicos, cada relato-mito se constituye como un sistema completo, cerrado y definitivo, lo que le condena a ser superado por otro relato-mito más pertinente, o más reciente. Una deidad supera a otra deidad. Un líder memorable hace caer en el olvido a otro líder. Una nueva versión del héroe hace obsoleta a la anterior. Un nuevo relato hace obsoleto el existente. La recursividad es la propiedad de los innumerables relatos de management que invaden el mercado. La recursividad es posible porque surgen nuevas posibilidades de la expresión verbal, formas originales de la combinación verbal, que hacen que nos pongamos en contacto con la mejora infinita.

La recursividad hace que cada año se elaboren miles de relatos de héroes-símbolo o de empresas-excelentes en algo. La mayoría de esos relatos pivotan sobre el liderazgo, la creatividad, la innovación, el desarrollo, el cambio, la calidad, las ventas, o la competitividad. Todos ellos nos prometen lavar más blanco que los relatos existentes. En todos está la promesa del origen de algo original y definitivo, desde la presentación de una metodología o enfoque novedoso. Las categorías mentales sobre el liderazgo, la creatividad, la innovación, el desarrollo, el cambio, los valores, o la calidad son fuentes inagotables de relatos. Cuanto más se habla de ellas, más parece que se aporta luz. Podemos volver una y mil veces sobre las mismas que siempre encontraremos un nuevo héroe-símbolo y una nueva empresa-excelente en algo. Cada relato-mito se postula como el origen de todo lo que vendrá después. Sólo el caso memorable es fuente de optimismo existencial. Lo que hubo antes resulta menos significante. Sólo aplicando su propuesta de acción se alcanzará la tierra prometida, porque solo esta nos aporta la respuesta que necesitamos.

Resumiendo: El management es una disciplina eminentemente recursiva. El relato es su forma común de inducir ideales y sentido en muchos. La utopía y el mito son dos pilares clave.