Ambición, exigencia y reconocimiento

2012-11-20 16.19.43En dos reuniones recientes con directivos apareció la ambición como término para describir el comportamiento de un colaborador suyo. Cuando un directivo señala un colaborador suyo como “ambicioso”, a menudo hay que interpretar que le asigna una etiqueta poco positiva. En la moral católica, la ambición suele tener una connotación poco positiva. El directivo puede sentir temor a que su colaborador le supere e incluso le mueva el asiento…le adelante por la derecha…o se le suba a la chepa.

La exigencia puede ser un mejor indicador que la ambición. Un directivo exigente se fija metas elevadas, lo cual le reta a él(ella) mismo, y también a sus colaboradores. Si le catalogamos de exigente, él o su entorno lo pueden percibir bien.

La ambición está muy vinculada a la necesidad de obtener reconocimiento. Muchos directivos dirán que esto no es exactamente así.

Valor compartido, valores compartidos y sentido compartido

2012-11-20 16.21.07La creación de valor compartido[1] resulta imposible si no generamos sentido compartido. El sentido compartido hace posible la creación de valor compartido. Por otro lado, parece difícil compartir valor o sentido sin que se compartan los mismos valores.

Existe una visión restrictiva del valor compartido, o valor ajustado esencialmente a las cuestiones de responsabilidad social corporativa. Más concretamente se refiere al diseño de productos y servicios para que estos tomen en consideración las expectativas de responsabilidad social. Esta es esencialmente la perspectiva desarrollada por M. Porter y M. Kramer que en su deseo de hacer creíble su modelo, aportan ejemplos de grandes multinacionales que han reorientado su visión y su negocio para ajustarla a las expectativas de la sociedad (IBM, Google, Apple, Wall-Mark, GE). Curiosamente, Google y Apple son el foco de críticas e investigaciones en Europa porque no pagan impuestos acorde con sus niveles de facturación, debido a un entramado de facturaciones entre sociedades ¿De qué responsabilidad social hablamos? Estos dos casos nos señalan que si la creación de valor compartido se queda en lo que dicen sus creadores, el modelo durará menos de lo que dura un perro en misa.

En mis intervenciones para generar sentido compartido, incluyo varios ámbitos adicionales que me resultan más sostenibles, es decir, que requieren de conversaciones duraderas, o que se asientan en un ecosistema de relaciones:

  • La promoción de la investigación y de la innovación en el marco de un clúster, en el cual participan organismos públicos (nacionales o regionales), empresas y universidades. En la UE tenemos buenos ejemplos de clúster; retengo el caso del Clúster Cleantech en Finlandia www.cleantechcluster.fi  y http://www.ek.fi .
  • La promoción de la investigación y de la innovación en el marco de un parque científico, promovido por una universidad y/o una escuela politécnica; retengo el ejemplo de Louvain-la-Neuve en Bélgica http://www.llnsciencepark.be . También está el valor compartido desde la promoción de un instituto de investigación tecnológica, como es el caso del IRT Jules Verne de Nantes, en Francia www.irt-jules-verne.fr. La investigación conjunta y la transferencia de conocimiento y de tecnología a través de patentes y de licencias, o directamente a través de la participación en negocios son los ejes claves de ambos modelos de valor compartido.
  • El valor compartido desde la promoción del interés general. En el diseño de políticas sociales retengo el ejemplo de la Alianza India de Recogedores de Basuras (AIW), http://allianceofindianwastepickers.blogspot.com.es/,  la cual está compuesta de 30 ONGs de 24 ciudades.
  • El valor compartido desde la promoción del aprendizaje social. Retengo el caso de la comunidad SoL(Society for Organisational Learning), www.solspain.org
  • El valor compartido desde la promoción de la creación y el emprendimiento en la sociedad. Tenemos el caso de la asociación TeamFactory en Paris, www.teamfactory.org

En la creación de valor y de sentido compartido pasamos de una economía basada en la eficiencia de los procesos de negocio a otra economía basada en la eficiencia de los procesos de interacción en el ecosistema. De una economía basada exclusivamente en el conocimiento a otra basada también en el reconocimiento. El cambio viene impulsado desde el exterior. Para compartir valor hay que compartir valores y esto sólo es posible desde la conversación.


(1) El concepto de valor compartido fue introducido por M. Porter y M. Kramer. Ver Harvard Business Review, Enero-Febrero 2011, Vol. 89, p62-77.

La representación simbólica

La representación simbólica

Representar es una acción que consiste en dar voz, actuar, interpretar o escenificar una experiencia o una relación humana que no se puede presentar, “en carne y hueso”. Por ejemplo:

  • El poder en las empresas no podemos presentarlo físicamente, pero sí podemos representarlo mediante escenas que nos ayudan a encarnar el ejercicio del poder, su significado para unos y otros, o el miedo al que se asocia. La representación simbólica del poder del banquero se corresponde con la imagen de un hombre gordo, redondete con traje, corbata o pajarita, mirada de usurero y un cigarro habano en la mano.
  • El conflicto también podemos representarlo mediante escenas, con sus emociones, o podemos verbalizarlo.

El antropólogo G. Durand (2007: 22-23) establece una diferencia entre la semántica, a la que considera estrechamente vinculada a nuestra imaginación simbólica, y la semiótica (o semiología) que se ocupa de forma más estrecha del estudio de los signos. Una se ocupa de las imágenes mentales y la otra de las palabras:

  • El símbolo (semántica) es un signo polisémico, multivalente y con densidad de sentido, lo que le hace rico y abierto, un símbolo nos reenvía a otro. El círculo por ejemplo se considera un símbolo de nuestro imaginario femenino, el círculo representa el ciclo completo, la totalidad, en el círculo no hay ángulos, todo el mundo se ve. El símbolo está más cerca de la representación, de la relación y por lo tanto del sentido. Hay discursos muy sencillos cargados de sentido por su carga simbólica.
  • El significado de los signos (semiótica) viene a ser siempre limitado; el término “círculo” por ejemplo es un signo con un significado cerrado y limitado. El signo es más sencillo, está más cerca de la presentación y nos sitúa más cerca del simple significado. Hay discursos llenos de palabras sin sentido, precisamente por su pobreza simbólica, por eso los catalogamos como huecos o vacíos. También hay discursos que presentan muchos números y análisis pero que no representan nada para nosotros porque pretenden mostrarse externos a la relación.

Por lo tanto, no es lo mismo “la rueda” como signo y “la rueda” como símbolo. En el primer caso, estamos ante una simple descripción de un objeto o una idea. En el segundo caso, hay varias interpretaciones de lo que significa una rueda y de las imágenes que esta vehicula (Ej.: sentido de repetición…de lo que vuelve, pero también sentido de progreso porque se rueda con ella).

Una hipótesis de actualidad sobre cómo sucede el cambio en los sistemas sociales  (equipos, y por extensión organizaciones) es que hay que apoyarse más en representaciones simbólicas (Ej.: representaciones de escenas) que en las buenas palabras (Ej.: discursos o mensajes sobre el cambio). Hay necesidad de restaurar las representaciones simbólicas que durante décadas quedaron desahuciadas de las organizaciones por el racionalismo y el positivismo.

El temor al fracaso del emprendedor

En el taller de emprendedores que tuvimos este miércoles con TeamFactory www.teamfactory.fr en Paris trabajamos la problemática de dos emprendedores. Ambos proyectos están en estado embrionario, lo que significa que estas dos personas ni siquiera están preparadas para compartir el sentido de su proyecto.

  1. El primer relato es el de alguien que está en el desempleo y que comparte con el grupo la duda de si quiere continuar siendo trabajador por cuenta ajena, o iniciar la aventura como emprendedor. Señala que “ve mucha niebla…que quiere probar pero que se topa con un muro…”, comienza a imaginar obstáculos…el muro y la niebla aparecen varias veces ante sí.
  2. El segundo caso es el de alguien que aspira a “hacer de la tierra su proyecto”…no queda claro si se refiere a cuidar del planeta Tierra o a ser horticultor. Su relato se dispara por momentos…se vuelve aéreo….incluso cósmico. Una vez contenida esa ansiedad…una vez aterrizado…traído a lo concreto y al momento presente, su relato se afina.

Doy esta breve descripción para señalar varias vivencias que tratamos en esta sesión:

  • El emprendedor conoce momentos de ansiedad, la cuál es una reacción defensiva ante el temor que siente. Cuando una persona está ansiosa, sólo atiende a su ansiedad, es decir, hace lo posible para tratar de calmarla (Ej.: comiendo). La mejor ayuda que se le puede dar es relajarse para bajar su ansiedad.
  • El temor del emprendedor es en general un temor a “no saber”, a no tener criterio sobre su verdadera capacidad. Esto tortura a muchos. Se trata de un temor a mostrarse incompetente, a que los clientes no le compren su capacidad. Por eso muchos emprendedores no consiguen madurar su proyecto. No acceden al estado de ambición, se quedan por debajo de un umbral que les protege de su propio miedo y de la ansiedad que se deriva del mismo.
  • La fantasía de incompetencia y el temor al fracaso que se deriva, se hace más presente en aquellos emprendedores que no completaron una formación superior. He conocido estos años emprendedores muy buenos de oficios manuales/artesanos pero que sienten que su hándicap está en  “hablar bien” (Ej.: dialogar o asesorar a sus clientes), o en “hacer las cuentas” (Ej.: preparar una oferta/presupuesto para un cliente).

Estos son motivos suficientes por los que el emprendedor deberá desarrollarse siempre en grupo. La soledad y la ausencia de reconocimiento le endurecen, le limitan y a menudo le hacen muy vulnerable. Su propia ignorancia le hace desconfiado, teme que le engañen y se aprovechen de él. El grupo de desarrollo es un entorno protegido. Podrá traer al grupo sus dudas, sus ignorancias y sus limitaciones.

La representación: actuación y simbólica

La representación

Una representación es una actuación, espontánea o ensayada, apoyándonos en nuestros recursos corporales y artísticos. Una representación también es una forma de simbolización. Ambas son actos generadores de sentido para aquellos que la ejecutan y que la observan. Existen otros actos generadores de sentido.

La representación actuación

En los talleres de desarrollo o en los talleres de transformación organizativa llegamos a proponer al directivo una representación o escena, como si de un verdadero rodaje se tratase: hacer una entrevista, auto-afirmarse, etc.

La representación simbólica

Una propuesta de representaciones simbólicas se parece a una sesión fotográfica de fantasmas. En ambos casos movilizamos numerosas imágenes mentales. Las representaciones simbólicas actúan como mapas mentales o como sistemas de navegación que nos ayudan a dar un sentido a nuestras actuaciones y a elaborar nuestros relatos. Las llamamos representaciones porque hay experiencias vitales que no podemos presentar físicamente, sino solamente representarlas, es decir, simbolizarlas y ponerle palabras.

Ellas representan la realidad pero no son la realidad sino filtros de la realidad. Estamos en la cocina de la antropología simbólica, cuya primera lección pasa por comprender la importancia del símbolo y su vínculo con el sentido.

Un símbolo está conformado por la pareja “sentido” e “imagen”. El Sol es más que un simple astro que calienta e ilumina la Tierra; representa para nosotros el sentido de potencia, grandeza o perennidad. El azul del cielo es más que un simple color, simboliza la transparencia, la pureza o lo sideral. La Tierra es más que un planeta donde habitamos, representa la receptividad, el alimento, la esterilidad o la fertilidad según la variación del ciclo. Podemos situarnos cerca del estricto significado literal, o de la exuberancia y la frescura del eufemismo.

El antropólogo G. Durand (2007: 22-23) establece una diferencia entre la semántica, a la que considera estrechamente vinculada a nuestra imaginación simbólica, y la semiótica (o semiología) que se ocupa de forma más estrecha del estudio de los signos. Una se ocupa de las imágenes mentales y del sentido, y la otra del significado de las palabras:

  • El símbolo (semántica) es polisémico, multivalente y con densidad de sentido, lo que le hace rico y abierto, un símbolo nos reenvía a otro. El círculo por ejemplo representa el ciclo completo, la integración de la verticalidad y la horizontalidad, la totalidad; en el círculo no hay ángulos, todo el mundo se ve, lo que se siente como una oportunidad para una relación simétrica. El símbolo está más cerca de la representación, de la relación, y por lo tanto del sentido. Hay discursos muy sencillos cargados de sentido y de imágenes espaciales.
  • El significado de los signos (semiótica) o de las palabras viene a ser siempre limitado, aunque a veces queramos jugar a lo contrario. El término “círculo” por ejemplo tiene un significado cerrado y limitado. Hay discursos llenos de palabras aunque vacíos de sentido, precisamente por su pobreza simbólica, por eso los catalogamos como huecos. También hay discursos que presentan muchos números y análisis pero que no representan nada para nosotros porque no nos evocan imágenes ni horizontes.