La ingeniería semántica

La ingeniería semántica (o ingeniería social) reúne un aluvión de disciplinas tales como las neurociencias, la psicología, la ingeniería computacional[1], la economía de la experiencia o del comportamiento, la antropología simbólica, la política y ciertas teorías sobre la organización.

La ingeniería semántica se puede entender como una evolución del determinismo fruto de las posibilidades que ofrece la tecnología digital. Sus ramificaciones se extienden desde las redes sociales, hasta la denominada gestión 2.0 –gestión de personas, innovación colaborativa, redes de práctica, etc.

La ingeniería semántica tiene su propia concepción del sentido social en el humano y sobre el sentido compartido en el trabajo. Con ella llegan nuevos conceptos –noosfera o nube digital, excedente cognitivo potencial, inteligencia colectiva, umbral de sensibilidad digital, avatar, unificación, coincidencia, etc. Y nuevas formas sociales de entender el sentido.


[1] Engloba desde las herramientas de diseño y programación, hasta sus productos –motores de búsqueda, inteligencia artificial, realidad virtual, Web 2.0 o de interfaz usuario- y sus aplicaciones económicas y sociales tales como animación por ordenador, videojuegos, cibernube, redes sociales, management 2.0, o Wikipedia.

Determinismo y eficiencia infinita

El determinismo organizativo persigue un objetivo de eficiencia infinita, consolidar una marca de prestigio y lograr así nuestra salvación, probablemente salirnos de la historia e instalarnos en la eternidad, entendida esta última como el presente permanente.

Cada organización trabaja como una máquina para lograr sus objetivos. Esa máquina produce resultados. Mediante una comparación de los resultados con los objetivos, aquellos que conducen la máquina pueden constatar cómo está trabajando la máquina. Ese es el bucle de feedback que los responsables de la máquina tienen que manejar bien para mejorar su rendimiento. Desde el feedback, la máquina puede ser ajustada para mejorar. La máquina se compone de dos grandes partes: la cultura y las personas (R. Dalio 2011: 38).

La propuesta del determinismo está basada en una relación profesional caracterizada por una lógica micro-planificada y cibernética. En ella adquieren plena relevancia las técnicas de control y medición, feedback económico-financiero y ajuste inmediato de los recursos. No cabe otro sentido que aquel que se puede micro-planificar y controlar cuantitativamente. Con su despliegue de racionalidad extrema, la utopía determinista aspira a vivir en un presente permanente. Sus enemigos son la visión mesiánica, la providencia, el desorden individual, la reivindicación colectiva o la fantasía.