La economía del truco

La economía del truco

La economía del truco consiste en hacer propuestas llamativas, sencillas y fácilmente replicables para usar ya sea individualmente, en un grupo o en todo el sistema, sea éste una empresa o toda la sociedad. Un truco es como una receta rápida, una poción mágica o un atajo. Ya no sirve malgastar nuestro tiempo en aprender, ya no compensa hacer esfuerzos, basta con aplicar los trucos aprendidos por otros.

Linkedin es un bazar de la economía del truco, con sus reiterados artículos y replicas de replicas sobre los cinco hábitos del líder eficiente, las siete acciones para tener éxito como emprendedor, los cuatro valores de las organizaciones que triunfan, los cuatro errores de los directivos que fracasan, etc. La prensa digital también incluye numerosos artículos de economía del truco.

En un caso o en otro no son artículos-basura porque se les otorga valor para:

  • Hacer una promoción personal, aún a costa de decir simplezas o de promocionar las simplezas dichas por otros, como tanto sucede en Linkedin. Todo es posible con tal de tener más visibilidad social o, lo que es lo mismo, con tal de retrasar nuestra fecha de caducidad social. Los trucos nos hacen más visibles que otros.
  • Asociar estos artículos-truco a una publicidad de un producto o de un servicio como sucede en la prensa digital. Todo es posible con tal de incrementar el tiempo medio dedicado a una exploración digital, lo que se traduce en mayor exposición a la publicidad.

En ambas formas de promoción, la personal o la del producto, se promocionan actitudes contrarias al esfuerzo e incluso a la complejidad.

trypadvisor y la economía del truco

trypadvisor y la economía del truco

Un truco ayuda a gestionar de forma eficaz y eficiente nuestra decisión. El truco se presenta en forma de atajo, ayuda, facilidad, recomendación o ahorro. TrypAdvisor, trivago o Wikipedia son agentes de la economía del truco.

Tomo el ejemplo de TrypAdvisor: recientemente apareció en las redes que La Churrería que está en La Plaza del Corro de Comillas (Cantabria) es el local peor valorado de España ¿Cómo es posible que un local tan mal valorado siga teniendo clientes? ¿Cabe interrogarse sobre los límites de TrypAdvisor como agente fiable para la economía del truco? Una cuestión parecida ya se planteó hace años con las agencias de rating.

Desde el MíAdvisor (ese soy yo, con mi exigencia y criterio de servicio) a lo largo de varios meses he hecho comentarios y reclamaciones a hoteles y restaurantes que he frecuentado. Por ejemplo, al hotel Los Jándalos de El Puerto de Santa María (Cádiz) le señalé la suciedad de la moqueta de la habitación, donde el polvo blanquecino se ve a leguas, o el hecho de que se fumase en las habitaciones. También señalé al Parador de El Saler (Valencia) que la habitación, esta vez sin moqueta, estaba sin aspirar, me encontré incluso el esparadrapo usado del cliente anterior. Le señalé al hotel El Convento de Arcos de la Frontera (Cádiz) que el cliente contiguo estaba fumando en la habitación, hice una reclamación a AirB&B por fraude en el apartamento que alquilé en Cádiz. Hice una reclamación al restaurante Pescador de San Vicente de la Barquera (Cantabria) sobre el fraude de su paella de marisco, servida al calor del mito de la villa marinera. Le señalé al restaurante Villa de Santillana (Torrelavega) que la calidad de los ingredientes y del servicio se había deteriorado (¡¡dónde se ha visto que sirvan los postres sin haber limpiado la mesa de platos y sobrantes!!).

En la mayoría de los casos que puse en funcionamiento MiAdvisor recibí respuestas de este tipo: “es la primera vez que un cliente reclama…nunca antes nos habían señalado esto….es Ud. el primero….nadie antes se quejó….se me habrá olvidado…”. Trasladándome la sensación de que el “singular y raro” era yo, los demás clientes eran felices

¿Es posible imaginar que la abundancia de comentarios en TrypAdvisor signifique en verdad un déficit de exigencia y de reclamación en el propio establecimiento? Mi experiencia a lo largo de un año contrastando ambas formas de señalar es que buena parte de los comentarios positivos hechos en TrypAdvisor son falsos, y buena parte de los comentarios negativos son verdaderos. Tendríamos que hacer con TrypAdvisor lo que muchos hacemos ya con el periódico: comenzar a ojearlo de atrás hacia adelante porque las primeras páginas y comentarios rara vez son creíbles.

La eclosión de hoteles y restaurantes que quieren aparecer en las primeras posiciones de Google, previo pago al propio Google o a un negocio de apoyo al posicionamiento, sin tener claros los puntos de anclaje de la marca y lo que esto significa en términos de compromiso de servicio real entregable al cliente, está haciendo que la economía del truco se vaya asimilando poco a poco a la economía de la impostura y del engaño.

Las encuestas de intención de voto y los cambios de creencias

Las encuestas de intención de voto

¿El fallo de las encuestas de intención de voto sobre el Brexit, aquellas sobre las elecciones generales en España, u otras cuantas de los últimos 10 años, es materia de explicación, de interpretación sistémica, o de ambas? El Confidencial explora esta cuestión hoy http://www.elconfidencial.com/elecciones-generales/2016-06-28.

Ninguna de las explicaciones dadas por los supuestos expertos (Berta Barbet, Pablo Simón, Narciso Michavila, José Miguel de Elías) resulta convincente. En sistémica entendemos que no se puede resolver un problema desde el mismo modelo mental que contribuyó a crearlo. La explicación que dan estos expertos contribuye a que en el futuro se compre un servicio (de encuesta de intención de voto) cuya propuesta de valor no se corresponde con la que declaran.

Los cambios de creencias

A continuación me atrevo con algunos cambios de creencias:

  • En el entramado de creencias que está emergiendo en nuestras sociedades se combina una temporalidad continua, la histórica a la que veníamos acostumbrados, y una temporalidad discontinua, promovida fuertemente desde la tecnología digital. La primera temporalidad nos resulta sencilla de comprender porque hemos vivido en ella durante siglos, desde el amanecer de la era moderna, es la temporalidad que vincula nuestro presente con nuestro pasado y con nuestro futuro en una especie de línea continua de vida. La segunda temporalidad es emergente aún, y se plasma en comportamientos visibles en las redes sociales o en el uso que hacemos de la tecnología digital como “truco para mejorar” nuestra acción individual; en la temporalidad discontinua ya no hablamos de una línea continua sino de puntos suspensivos disociados entre sí. En las opiniones recogidas en las encuestas de intención de voto hay ambas creencias, en dosis variables según cada caso, sin tener a menudo conciencia desde cual de ellas hemos emitido esa opinión. Sin embargo, las encuestas de opinión, basándose en la ley de los grandes números, tratan las opiniones desde la temporalidad continua porque coincide con la propuesta de valor manifiesta de la firma que las comercializa (“vendemos tendencia…intención…anticipación”).
  • En el entramado de creencias que está emergiendo en nuestras sociedades, un evento externo de calado emocional transforma temporalmente la opinión de millones de personas (ej.: el 11M favoreció al PSOE, el Brexit ha favorecido al PP); no es tanto el argumento de “la movilización racional de los votantes” de aquí o de allá, como el argumento de “la movilización irracional fruto de un choque emocional”, lo que hará mutar nuestra opinión, para sorpresa de unos y de otros, incluso de nosotros mismos acostumbrados ya a vivir en nuestras contradicciones. Desde la temporalidad continua la ideología era política, visible, duradera, no sufría mayores mutaciones, y actuaba como contenedor social. Desde la temporalidad discontinua la ideología es económica, invisible, y potencia que cada persona se sienta un contenedor potencial, por eso la seguridad se vuelve un argumento tan potente. Hoy día, el evento externo de calado emocional es un arma ideológica.
  • Si aceptamos la hipótesis anterior, diremos que una encuesta de intención de voto no tiene tanto un valor informativo-predictivo (“predigo lo que va a suceder desde las opiniones que recojo”) como un valor emotivo-prescriptivo (“prescribo emociones y atención recogiendo lo que dicen otros que podría suceder”). Las encuestas de intención de voto son lo que TripAdvisor es a la economía: un “truco para mejorar” nuestra decisión. La dependencia de la tecnología digital y la penetración de la “economía del truco” ha convertido las encuestas de opinión (racional) en encuestas de atención (emocional) que persiguen orientar la intención.
  • En el entramado de creencias que está emergiendo en nuestras sociedades, la temporalidad discontinua conduce a lo dicho arriba, y también a episodios de caos, rebelión y locura, propios de nuestra dificultad para comprender los resortes de vida que nos dan sentido y cordura; hay mucha basura en nuestras sociedades y escasos contenedores colectivos. Allí o aquí auguro episodios de locura y contradicción. La predicción era la criatura que nos permitía navegar en la temporalidad continua, la implicación puede que sea la criatura para navegar en la temporalidad discontinua.
  • En el entramado de creencias que está emergiendo en nuestras sociedades, las utopías territoriales están ganando la partida a las utopías económicas. Esto tampoco lo quieren explicitar las encuestas. Las utopías territoriales son como los bonos alemanes: un valor refugio cuando la economía neo-liberal no está siendo proveedora de sentido para millones de personas en los países desarrollados.

Combinemos estas creencias y entenderemos lo que significa la complejidad.