La complejidad se ha vuelto material de postureo para unos, licencia de manipulación y de abuso de poder para otros, o propuesta de excepcionalidad para otros tantos. Hoy día no es necesario que llames tonto a alguien, basta que le repitas que es normal que no se entere porque la realidad que tiene delante es compleja. Con este argumento queda progresivamente desclasificado.

Cuando intervengo en coaching directivo, en acompañamiento a un equipo, o en una transformación del sistema, trato de entender aquellos comportamientos, decisiones, conversaciones, hábitos o prácticas que dificultan la adaptación y competitividad del sistema. El desajuste es entre la ambición expresada y la adaptación lograda.

Un organigrama matricial con un equipo directivo fracturado añade complejidad, la ambigüedad en los mensajes o en las decisiones de los líderes también, y por supuesto la tendencia del líder supremo a situarse en el origen y en el final de todos los intercambios y decisiones, la multiplicación de correos y de conversaciones de mala calidad, o la disfunción de unos y de otros en el ejercicio del rol profesional encomendado (ej.: las relaciones de poder, la corrupción, la humillación, el déficit de autoridad, el déficit de autocontrol o el de escucha, etc.). Todas estas dinámicas humanas contribuyen a la llamada complejidad adaptativa.

Mi propósito no es ayudar al directivo a gestionar la complejidad, lo cual sería pretencioso. Mi propósito es ayudar al directivo, al equipo y al sistema a reducir la actual complejidad y a caminar hacia la sencillez, trabajando en un propósito común para que la anhelada adaptación sea posible. La sencillez es el camino de la complejidad.

Tal propósito no es posible si yo sobre-prometo, porque el camino de la sencillez también requiere un esfuerzo de aprendizaje, que corresponde al cliente.

La circularidad del sistema resulta tan valiosa como el cambio. En toda la era moderna, el círculo ha gozado de peor prensa que la flecha: el círculo quedó asociado a lo medieval y religioso (ej.: los rituales religiosos), y la flecha quedó asociada a modernidad, progreso y desarrollo (ej.: el cambio incremental). La emergente economía circular vincula el círculo y la flecha. Esta conjunción compleja de ambas dimensiones antropológicas puede significar el gran salto de era.

Los dos modelos de aprendizaje organizativo de los que soy autor – identidad completa y los seis pilares – toman en consideración la circularidad antropológica. Y también el aprendizaje y el cambio. Eso les hace genuinamente sistémicos. Es reduccionista aprehender el sistema desde una sola dimensión.

Todos los sistemas humanos que aprenden muestran comportamientos de circularidad. También los sistemas que fracasan, al menos durante un tiempo hasta llegar a la crisis sistémica:

  • En la mediocridad, de manera reiterada actuamos las mismas resistencias, repetimos los mismos problemas, cometemos los mismos errores y no superamos los mismos umbrales; no hay conciencia de compartir un modelo y a pesar de ello los individuos y los equipos nos sincronizamos desde esos comportamientos.
  • En la excelencia, de manera reiterada conversamos desde un modelo compartido y para compartir una visión, lo cual requiere auto-control. Fruto de esas conversaciones, las personas y los equipos aprendemos y revertimos dichos aprendizajes en el sistema, contribuyendo a la mejora del mismo.

El aprendizaje genera apertura, haciendo que el círculo se vuelva una espiral.

La estructura mediante HR Business Partner lleva probándose un cuarto de siglo con éxito desigual. Mi propuesta es un modelo basado en HR Business Driver.

La idea de una estructura segmentada por colectivos homogéneos (ej.: HR Business Partner de Ventas, HR Business Partner Funciones Soporte, etc.) se vio como un progreso en la entrega de valor desde la función personas, respecto a la estructura tradicional por capacidades o etiquetas transversales (ej.: Compensación, Desarrollo, Relaciones Laborales, etc.). Dos décadas después, muchas empresas han hecho sus pinitos en esta segmentación. Todavía hoy, algunos DRH creen que están inventando la rueda.

Mi hipótesis en este artículo es doble:

  • La organización mediante HR Business Partner por un lado, y mediante etiquetas transversales por otro estaría topándose con un límite en la entrega de valor. Hay tópicos relevantes para el negocio que, como consecuencia de la evolución de los mercados, de la tecnología y de las personas, están en tierra de nadie. Por ejemplo, los de marketing hacen sus encuestas de clientes y los de recursos humanos hacen sus encuestas de empleados pero si convergen es por pura casualidad. Los de marketing derrochan dinero comprando campañas para mejorar la imagen de la marca cuando los propios empleados no ven cómo conectarse con la propia marca entre otras razones porque no se invierte dinero en su desarrollo. Otro ejemplo, los jefes siguen sacando punta al organigrama con el (supuesto) propósito de mejorar la eficiencia organizativa, cuando los colaboradores inmediatos no saben cómo mantener conversaciones eficientes en equipo.
  • La negación del límite en la entrega de valor al negocio estaría restando reputación a los responsables de la función personas ya que por otro lado son los que más recitales ofrecen a directivos y empleados sobre el cambio.

HR Business Driver

Desde mi modelo sistémico de los seis pilares (drivers), entiendo que toda organización, ya sea funcional o matricial, tiene que ser cosida desde tres ejes:

  • El eje Visión-Cultura: en su versión más elevada, la visión compartida se corresponde con los escenarios de futuro compartidos; conversar para elaborar relatos de escenarios requiere una actitud colaborativa y aprendiente de la que nadie se está ocupando. En su versión más aterrizada, la visión compartida se corresponde con cómo están representados los clientes en los atributos de la marca. Ya indiqué en un artículo anterior que hay mucho pico en la función marketing sobre la experiencia del cliente, y muy poca pala en la función personas sobre la experiencia del empleado ¿Acaso no se ve que hay un corta-fuegos entre ambas? ¿Acaso no es necesario trabajar en las resistencias que se dan en la entrega de la promesa que hace la marca a los clientes? ¿Están los propios Directivos cortocircuitando este trabajo sobre las resistencias porque va contra la lógica del ordeno y mando?
  • El eje Poder-Cocreación: el poder es siempre poder orgánico en su versión más vertical y controladora, poco importa si el estilo de quien ostenta el poder es más directivo o más participativo. Una condición esencial del poder es perseverarse manteniendo o acrecentando el control. Todos hemos asistido a crisis sistémicas por abuso de poder (Volswagen, Bankia, Popular, Pescanova, Caixa Catalunya, Marsans, Lactalis…). Tomemos un ejemplo: es impresionante el sumidero de energía que supone la organización matricial, todo ello porque prevalece el eje vertical de poder sin complementarlo con el círculo y lo que representa como capacidad colaborativa ¿Acaso no se ve la importancia de tener conversaciones de negocio más eficientes? ¿Acaso no es importante para el negocio que el líder orgánico haga cesiones temporales de autoridad a los equipos para generar apertura sistémica?
  • El eje Innovación-Resultado: ya sea en producto, servicio o proceso, la innovación es el pilar que más impacta en el resultado futuro del negocio. Los mayores nichos de innovación están en la colaboración multi-empresas, lo cual va contra el sentido de la propiedad del talento y en favor del trabajo en comunidades de aprendizaje. Contra todo pronóstico, hay tres pilares detractores de la innovación:
    • el poder y su fantasía de reproducir el buen resultado sin hacer grandes revoluciones, o su fantasía de control;
    • la cultura del negocio, con su modelo mental y sus resistencias;
    • el propio resultado, ya sea desde el “tampoco nos ha ido tan mal hasta ahora”, o desde la dificultad para ejecutar iniciativas.

El HR Business Driver tiene que trabajar tanto para promover la apertura (vision, innovación, co-creación) del sistema, como para amortiguar la clausura (poder, cultura, resultado) del mismo.

Systemic diagnosis

In my newly issued book, El Liderazgo Colaborativo, I introduce four interdependent systemic approaches to carry out diagnosis and five system containers to facilitate organizational learning and collaboration.

Systemic diagnosis assumptions

Classical diagnosis approaches set that “causes” precede “symptoms”; therefore, they have  different status. Causes are usually part of “evidence”, while symptoms are usually part of “interpretation” of the evidence according to a model; interpretation is a kind of explanation.

Systemic diagnosis sets four assumptions:

  • The first assumption sets that system adaptation is an ongoing opening up and learning process happening at individual, teams and large system levels. This process is strongly connected to a closing up process happening at the same three levels.
  • The second one sets that learning (opening up) and resistance (closing up) to learn and adapt go together, also at the three levels. Both are system active processes: although people may feel not so satisfied/happy with current business culture, they are more resistant to losing this reference than to co-create a new business vision that increases their future utility. Systems culture is antagonistic to systems vision.
  • The third assumption sets that individual and team learning should happen within a number of system containers or platforms that set collective direction and subsequently provide shared purpose or shared meaning to them. Aligning people to brand values, as a business container, doesn’t mean building an obliged hierarchy but a commited network.
  • The fourth one sets that any emergent agent should pay attention to learning and to resistances at the same time. This dual or ambivalent focus falls under the adaptive complexity, a sort of empirical term many use without a clear understanding about the meaning.

Many system leaders end up by adopting linear approaches, very disruptive for people and teams.

 

The full identity systemic model

Seven years ago, in my book Identidad Completa (2010), I introduced a systemic model named the Full Identity (FI), applied to organizational learning and transformation. Full identity sets that any human system –individual, team and large system- behaves under the influence of feminine-matriarchal patterns and masculine-patriarchal ones; whether system members are conscious or not this is another story.

FI model is based on a combination of field experience and bibliographic research. The field comes from years of executive coaching, team coaching an intercultural experience. The bibliography comes from imaginary anthropology and gender studies. FI is also my singular way to explore the collective intelligence, a sort of phantom concept we hear about a lot in business…but never see. I have to say that according to imaginary and gender research, there is a difference between gender and sex. Many people either reject or do not understand this hypothesis about differentiating gender and sex…maybe another phantom idea…maybe a resistance due to our mental model.

The FI model assumptions

The first assumption sets the antagonistic relationship between the two patterns: feminine-matriarchal and masculine-patriarchal. When a pattern becomes official (dominant) in the system in terms of influencing attitudes, behaviours, habits or corporate policies, the antagonistic pattern can be observed as symptom. As an example, when an organization becomes too much competitive, demanding, performance oriented, oppressive and vertical (masculine-patriarchal), people show symptoms in form of rumors, stress, boycott and relationship violence (i.e. humiliation, harassment, threat). On the opposite side, when the organization becomes too much social, friendly, caring, protective, easy going, inclusive, tolerant, mystic, patient, slow driven (feminine-matriarchal), people show symptoms of annoy, sadness, mysticism, dispersion and a sort of frustration due to lack of challenge.

The second assumption sets the importance for people to access to shared purpose or shared meaning. Both require inclusion and co-creation, both reduce people anxiety and uncertainty, and increase people commitment. System change implies building a shared understanding and exploration about what behaviours and mental models require to be re-assessed (i.e. which ones need to be abandon and which ones to be reinforced). Systemic crisis may happen when the dominant pattern is unable to provide, not just shared meaning to system members, but also sustainable results for teams and for the large system. As an example, the recent economic crisis represents the failure of the neo-liberal ideology to provide shared purpose to millions of citizens. On the antagonistic side, the collaborative or social economy represents a pattern reversion; digital collaborative technology behaves here as enabler.

The third assumption sets the importance of combining patterns, which means combining combative and collaborative leadership processes or, as Adam Kahane says, combining power and love, vertical execution and horizontal coordination, individual performance and team cohesion, divergent scenario exploration and convergent operating decisions, etc. Adaptive complexity derives from this assumption; adaptive complexity is connected to the way the system learns whether at individual, team or large system level, but also connected to the way the system deploys natural resistance to most of the learning initiatives.

I´m very glad my SOL colleagues, Marion Chapsal and Ken Homer, are exploring the gender field to support system learning and transformation. They will apply their model at the Madrid Collaborative Leadership Workshop this May.